El colesterol, riesgo silencioso

No da la cara mediante síntomas externos, sin embargo, el colesterol elevado es uno de los riesgos más importantes para la salud cardiovascular. Llevar una dieta adecuada, con abundancia de Omega-3, que ayuda a regular sus niveles, es crucial para protegerse de sus peligros. Aquí está todo lo que debes saber sobre él.

¿Qué es el colesterol?

El colesterol es un tipo de grasa que circula por la sangre y que interviene en algunas funciones básicas del cuerpo. Así, participa en la elaboración de membranas que protegen los distintos órganos, realiza procesos digestivos, es crucial en la síntesis de determinadas hormonas e interviene en la formación de algunas vitaminas, como la D. Una parte del colesterol se genera dentro del propio organismo, en el hígado;  y otra llega a través de la dieta.
El colesterol circulante debe ser transportado por unas partículas especiales conocidas como lipoproteínas de baja densidad (LDL) o lipoproteínas de alta densidad (hDL).

¿Es siempre perjudicial?

No, hay dos tipos de colesterol. El colesterol “malo” (LDL) se deposita en las paredes de los vasos sanguíneos, pudiendo provocar enfermedades cardíacas. Por su parte, el colesterol “bueno” (hDL) es el que realiza las funciones beneficiosas, entre las que está contrarrestar los efectos del “malo”.

¿Cómo  se equilibra?

Para conocer los valores reales de colesterol hay que realizar un análisis de sangre. De esta forma se desvelarán tanto los niveles de colesterol bueno, como de colesterol malo. Las cifras totales no deben superar los 200 mg/dl, pero también es muy importante el equilibrio entre LDL y hDL. Aunque los parámetros globales no sobrepasen esa cifra de referencia, si el colesterol bueno está muy por debajo del malo, no podrá realizar bien su función, por lo que conviene que el bueno sea lo más alto posible.

¿Qué sucede si las cifras son altas?

Cuando los niveles de colesterol son muy elevados hablamos de hipercolesterolemia. ¿Cuáles son sus consecuencias? El colesterol se va acumulando en los vasos sanguíneos, elevando considerablemente el riesgo de padecer un accidente cardiovascular, como el infarto o el derrame cerebral.

¿Por qué  se elevan las cifras?

En algunos casos existe un componente genético hereditario; pero en muchas ocasiones el colesterol se dispara por una alimentación inadecuada, con abundancia de alimentos poco sanos y demasiado calóricos.

Alimentos que  se deben evitar

Para protegerse de los efectos nocivos del colesterol es básico seguir una dieta saludable. Hay que tener en cuenta los peligros de las grasas saturadas, que son las que elevan en mayor medida el colesterol malo. Están presentes en productos de origen animal como quesos grasos, leche entera, mantequilla, carnes con mucha grasa, helados y en algunos aceites vegetales como el de coco o palma. Los expertos recomiendan que el porcentaje de grasas saturadas en la dieta diaria no exceda el 10% de las grasas diarias recomendadas y que se controle especialmente el abuso de bollería industrial, fritos, rebozados y alimentos muy grasos.
Si se comen muchas grasas  saturadas, el hígado  fabrica  muchas lipoproteínas LDL y, si no hay sufi cientes hDL, el colesterol queda adherido a las paredes de los vasos sanguíneos y pueden aparecer los problemas de arterioesclerosis y aumentar el riesgo de enfermedades cardiovasculares.

¿Hay grasas  buenas?

Sí, a diferencia de las grasas saturadas, las grasas insaturadas ayudan a bajar los niveles de colesterol en sangre. Se dividen en grasas monoinsaturadas, como las del aceite de oliva, los frutos secos y los aguacates; y grasas poliinsaturadas, como los aceites de azafrán, girasol, maíz, soja y pescado. De éstos, el aceite de Krill destaca de forma evidente por sus propiedades beneficiosas para la salud. La dieta actual tiene un aporte bajo de ácidos grasos poliinsaturados y puesto que el organismo humano no puede sintetizarlos, puede ser recomendable complementarla.

Cápsulas aceite de krill

El Krill es un pequeño crustáceo que vive en las frías y limpias aguas de la Antártida. El aceite que se extrae de él tiene un alto contenido en ácidos Omega-3  que se encuentran en forma de fosfolípidos, por lo que son solubles en agua y más eficaces, ya que nuestro organismo los asimila mucho mejor que los Omega-3 procedentes de aceite de pescado que están unidos a triglicéridos.

El aceite de Krill no necesita aditivos porque ya contiene Astaxantina, el pigmento que le confiere el color rojizo al krill, que actúa como antioxidante natural y aporta estabilidad.

Demostrado: el aceite de krill funciona mejor

Para valorar  la eficacia del aceite de krill se realizó un estudio con pacientes con alto riesgo de eCv (enfermedades Cardiovasculares).
Tras 8 semanas tomando 2 gramos  diarios de aceite de pescado de la marca Lipokrill, se observó un incremento altísimo del índice de Omega-3 en la sangre. Un dato determinante para afirmar que los Omega-3 procedentes del aceite de krill funcionan mejor, porque pasan perfectamente del intestino al torrente sanguíneo y son incorporados a las células. La dieta actual tiene un aporte bajo de ácidos grasos poliinsaturados y puesto que el organismo humano no puede sintetizarlos, puede ser recomendable complementarla.